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Estefanía Castro: “El movimiento feminista tiene una realidad concreta en cada lugar, pero una realidad común que compartimos”

Pequeños gestos para lograr la igualdad

LOCALXPRESS | Publicado: 13/04/2019 13:00:00 CET
estefania
Foto: Rubén Rodríguez de Cándido

Alegre, optimista y luchadora. Cuando uno habla con Estefanía Castro, existen una serie de señas de identidad que la definen con un par de minutos de conversación, mostrando una mujer vital, pasional en su vocación, política… Sobre todo, una mujer que lucha por una sociedad igualitaria, para que mujeres y hombres, puedan vivir en equidad. Una sociedad en la que desaparezca la violencia machista.


Estefanía es lucha, tanto en lo personal como en lo profesional…


Sí. Soy de establecerme metas y alcanzarlas. Con 28 años alcancé un montón de metas que, quizás, a otras personas con mi edad, ni siquiera se las planteaban. Ya era licenciada en derecho, directora de Juventud del Gobierno de Canarias y madre de mi hijo. Era muy parecida a la mujer que soy ahora, pero con ocho años menos.


Esa Estefanía, que cumplió la mayoría de los sueños que podía desear cuando tenía 19 o 20 años, hizo que no dejase de soñar y no dejase de creer en que podía seguir consiguiendo más metas. Y es que a veces es más difícil que mantenerse que llegar. Es verdad que con esa edad había conseguido muchos objetivos, pero he seguido luchando. Ejercí de abogada, abrí mi despacho… y me dijeron de formar parte de la candidatura al Cabildo y la acepté.


Estos cuatro años han sido realmente, a nivel vital, maravillosos. He madurado mucho a nivel político, como persona y como mujer. Esta área que he gestionado como consejera de Igualdad me ha cambiado la vida en todas mis facetas porque he incorporado en mi vida una suerte de gafas violeta que me ha hecho ver la realidad de una manera distinta que antes, por educación o por costumbre, las veía normales.


¿Y qué han hecho esas gafas violeta?


A veces hay cosas que te vienen y asumes de manera pasiva… y esa visión, pues ha cambiado. Te das cuenta de que la realidad de las mujeres y los hombres es distinta. A priori, habrá mucha gente que en este momento diga que ya hemos conseguido un montón de cosas, pero claro, no es suficiente. Hasta que no exista una equidad y un equilibrio y, sobre todo, un modelo de convivencia donde no exista la violencia de género, no podremos hablar ni de democracia, ni de libertad plena, ni de inclusión integral de los derechos de las mujeres.


Hay un montón de cosas en las que seguimos suspendiendo y que debemos seguir evaluando para seguir mejorando.


En los últimos años se habla cada vez más acerca de la igualdad y se ve más implicación. ¿La concienciación ha hecho que la situación mejore?


Antes la situación no estaba como está actualmente, y es verdad que el año pasado cambió algo. El 8 de marzo de 2018 fue algo histórico, algo que todavía recuerdo con una emoción tremenda, porque fuimos a nivel mundial un referente. Canarias se volcó en una manifestación, en una huelga sin precedentes. Una manifestación enorme con una cantidad de gente en la calle, mujeres de todas las edades, hombres, niños y niñas, familias enteras… Fue súper bonito: no lo olvidaré nunca. Creo que fue realmente el principio de un cambio sin precedentes.


Después influyeron movimientos tan importantes a nivel mediático como el Me too, pues produjeron un cambio de conciencia global y, sobre todo, democratizó un asunto que parece que antes era solamente del activismo, ¿no? Yo creo que el feminismo se ha incorporado en las agendas políticas más que nunca, se ha incorporado en los medios de comunicación, se ha incorporado en las conversaciones cotidianas de las personas porque al final creo que ha llegado por fin ese momento en el que entendamos que el feminismo y la igualdad no es una cuestión de mujeres, sino de mujeres y de hombres. Es algo que entronca con el modelo de convivencia.


Una convivencia con una parte muy fea. La parte más fea de la desigualdad es la violencia de género. En nuestro país, desde que se empiezan a computar los casos de violencia de género han sido asesinadas unas 980 mujeres aproximadamente, a partir del año 2003. Con el caso de Ana Orantes, primera mujer que denunció públicamente su caso de violencia de género, se creó en 1997 un precedente. Su marido la asesinó, la roció y le prendió fuego dos semanas después de su denuncia en televisión, y en su memoria se ha tomado como referente para empezar un cambio social importante en nuestro país.


Esto es algo que sigue sucediendo veinte años después, desgraciadamente. Sería ideal que en algún momento de la historia recordásemos la violencia de género como algo totalmente anacrónico y superado por la sociedad. Sobre todo, porque al final el hombre que decide acabar con la vida de una mujer, al fin y al cabo, no deja de ser el brazo ejecutor del machismo. El machismo es un fenómeno mucho más complejo.


Ocurre, en ocasiones, que la gente no está bien informada y piensa que machismo es un antónimo de feminismo


El feminismo es un movimiento que reivindica la igualdad de derechos y libertades de mujeres y hombres. Podría decirse que es un sinónimo de igualdad, equidad, de solidaridad. Todos son sinónimos que están referenciados al final con crear una sociedad de equilibrios en cuanto a los derechos y libertades de mujeres y hombres.


Es la lucha para terminar con ese lastre histórico de la mujer que, por el hecho de ser mujer, estaba abocada a ciertos estamentos sociales, como la familia, la casa, o todo lo que está orientado a los cuidados. Y también profesionalmente, enfocada a aquellas profesiones feminizadas, por decirlo de algún modo, como las también orientadas a los cuidados, desde la enfermería hasta la estética… Y el hombre es la parte de las ingenierías, lo mecánico. Todo ello ha hecho que de algún modo se segmente el mercado laboral, y que esté muy conectado con lo que es la brecha salarial, el techo de cristal, los problemas de conciliación y toda la parte de corresponsabilidad.


Es cierto que los hombres actualmente son más corresponsables en la tarea de los cuidados con respecto a los hijos e hijas, pero es verdad que siguen fallando en lo que se refiere al cuidado de personas dependientes o personas mayores a cargo. Eso hace que, si hay alguien que tiene que renunciar a su jornada laboral, a la reducción o a la incorporación laboral, sea la mujer, porque se entiende que esa parte de los cuidados le pertenece a la mujer.


Todo esto va creando desigualdad y conlleva, y trae consigo que el resultado final se pueda convertir en violencia. Esa es realmente la parte más fea y más lamentable y trágica del machismo.


¿Cómo cambiar esta situación?


A mí siempre me gusta decir, y lo digo claramente, que no creo en los micromachismos. Creo que el machismo hace daño, es pernicioso y todo contribuye de alguna forma. El chiste que recibes y difundes en tu móvil; el like que le das en redes sociales porque hay algo que cosifica a la mujer y no eres capaz de no compartirlo o no contribuir a que eso siga moviéndose por la red. En los medios de comunicación y en las campañas de publicidad, que en ocasiones se utiliza a la mujer como un reclamo publicitario para el consumo, incidiendo aún en estereotipos, como en la limpieza, con las azafatas de eventos… y a veces hay que tomar decisiones que pueden parecer arriesgadas pero que a medio largo plazo contribuyen a crear una sociedad mucho más igualitaria.


Lo que hay que hacer son campañas de sensibilización, poner a mujeres de éxito que sean mujeres para otras niñas y adolescentes, que se quieran ver reflejadas en esos cuadros, por decirlo de algún modo, para lograr progresivamente incorporar esa equidad y necesidad de crear sociedades mucho más igualitarias.


¿Qué papel juega la educación en el colegio?


La comunidad educativa en general es parte no solamente artífice sino vehicular de valores. Es cierto que todo debe ir acompañado de la familia y de una sociedad comprometida en distintos ámbitos, pero es verdad que la educación es el vehículo más importante para transmitir valores, para mostrar la importancia de los iguales, para que el docente pueda elaborar proyectos en los que se trabaje de forma transversal y adecuada la parte de la visibilidad de mujeres en carreras tecnológicas, por ejemplo.


Parece que habíamos tenido un avance importante en este sentido, un repunte, pero también hay un retroceso nuevamente de niñas que empiezan a partir de los 7 años a asumir los estereotipos y vuelven a elegir orientaciones en cuanto a la formación hacia la parte de los cuidados, de tener una buena imagen o de cuidar a los muñecos… y volvemos al círculo.


 “Las muñecas y bebés son para niñas, mientras que para los niños hay muñecos de acción y videojuegos”…


Exacto. Parece que el hombre es el que tiene la parte física y la mujer es la sensible, más cercana a esa parte “espiritual”. Esto, en cierta manera, es muy preocupante y a veces, se ve en los gestos inocentes de un catálogo de juguetería, cuando se separan los juguetes por sexos.


Al final es un compromiso que se ha de asumir desde las instituciones trabajando la sensibilización; desde las empresas, contribuyendo mediante la responsabilidad corporativa para acabar con ese tipo de estereotipos; a través de los padres y las madres y familias en general, a la hora de adquirir los regalos tengan esa responsabilidad y esa necesidad también de ser conscientes de lo que están regalando; y al final, también los medios de comunicación, que también influyen de un modo muy importante en la construcción de género.


¿La construcción del género?


El género como tal es una construcción global. Si intentamos construir un puzle de cómo está el status quo actual, todos y todas de alguna forma estamos contribuyendo a esa construcción de género. No miremos solo a las instituciones como parte solucionadora del paradigma que supone el machismo. Es verdad que por la responsabilidad pública de gestión existe un compromiso añadido, pero es cierto que si todos y todas no contribuimos a ese cambio y creemos que esto es algo tan simple como una mujer más asesinada, un caso más de sexismo en un medio de comunicación; un “pero tampoco es para tanto” o la canción que escuchamos con letras machistas y desvirtuadas que no favorecen nada a la mujer, y que no solo la cosifican, sino que la ponen en una situación de vulnerabilidad… Si todo eso, lo sumamos, es lo que me lleva a no creer en micromachismos. Los pequeños gestos acaban construyendo grandes creencias, y creo que todos y todas tenemos parte de responsabilidad y de alguna forma podemos acabar con este lastre.


Pequeños grandes gestos como los que vemos a diario y, en concreto, en el pasado 8M.


El 8M tiene dos grandes objetivos. Por un lado, para visibilizar una lucha, por lo que no es un día lúdico, de felicitación anodina sin más, sino un día de reivindicación a nivel mundial, porque es un movimiento global. Las mujeres sufrimos desigualdad en todas las culturas, en todos los países. Cada lugar tiene sus tiempos, y no podemos imponer esos tiempos de forma homogénea porque sería, a lo mejor, incluso contraproducente. El movimiento feminista tiene una realidad concreta en cada lugar, pero una realidad común que compartimos. La realidad de las mujeres y la realidad de crear sociedad más inclusivas e igualitarias entre los derechos y libertades de mujeres y hombres.


El 8M también sirve para no olvidar. Para no olvidar lo que se ha avanzado, para no olvidar a aquellas mujeres que han sido icono de la lucha, como en nuestro país Clara Campoamor o fuera de nuestro país Virginia Woolf, Marie Curie y otras tantas que han sido precursoras y mujeres valientes que nos han facilitado muchísimo el camino. Eso no quiere decir que podamos caer en amnesia social o en resistencias perniciosas que quieran volver a situarnos en espacios que no deberíamos volver jamás.

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